14 de noviembre de 2016

Acá están nuestras bocas,
enmudecidas desde la cuna,
gritando ahora, en la puja:
¡no más Estado ausente,
no más jueces indolentes!

Aunque silenciadas persisten,
masticando bronca sabor cereza:
la chiclosa balanza, impasible
frente la desigualdad histórica.

Rabiosas, espumosas, inflamables;
muelas incalmables royendo las calles.

¡Unámoslas, amasémos la ira!
Peguémosla debajo de las mesas:
que se enreden en los dedos cobardes.
Trencemos en murales insurgentes
telarañas sobre los transeúntes.

Mientras por dentro se disuelve el díalogo,
almíbar lacrimoso que un río va dejando,
sublimación del dolor desvestido.

Aquél, evaporándose tibio,
no perdura como el chicle rabioso
en la mesa, en las paredes,
intransformable y escupido:
El "ojo por ojo" a las miradas necias.

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